Productos cosméticos Cruelty Free ¿Qué puede hacer el consumidor?

MegaTrends 2021

La práctica de realzar las facciones con productos cosméticos es muy antigua.

Se remonta a la época de los sumerios quienes fueron pioneros en triturar insectos y piedras preciosas para aplicar color a los labios. Se sabe que posteriormente, los antiguos egipcios utilizaban una línea verde en el párpado para enfatizar la mirada. Muchos siglos después, la reina Isabel I de Inglaterra se inclinó por utilizar polvos faciales y color en los labios.

Después de varios siglos (y tendencias) llegamos al Siglo XX, cuando el maquillaje fue considerado un símbolo de rebelión.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/cultura/2009-06-16/egipto-reclama-a-nefertiti-la-extranjera-ilegal-mas-preciada-de-berlin_349237/

Esto dio inicio a una problemática que hasta el día de hoy no ha cesado de existir: la crueldad animal en la elaboración de cosméticos.

¿Qué son las prácticas de crueldad animal en la industria de la belleza?

Muchos cosméticos son elaborados con métodos inhumanos que implican la experimentación en distintas especies (conejos, ratones, ratas y cerdos de guinea). 

Su explicación radica únicamente en intereses económicos egoístas –el costo de las pruebas con animales es mucho menor–, aunque sus resultados son menos precisos. Generalmente, los animales son sometidos a dolorosas pruebas de experimentación que usualmente terminan con su muerte, sin tomar en cuenta que hoy en día existen alternativas tecnológicas que podrían evitarlo.

Organizaciones en contra de la experimentación animal

Si bien ha habido un incremento de productos amigables con el ambiente que nos invitan a reflexionar a consciencia sobre las sustancias que ponemos en nuestra piel y sus empaques, esto no garantiza que la formulación cosmética haya sido realizada de manera ética. Durante la década de los treinta, el boom de los cosméticos se perpetuó con prácticas inhumanas de experimentación animal, las cuales encontraron resistencia por parte de los ambientalistas de la década de los setenta.

Fue hasta finales de la década de los ochenta y principios de los noventa que surgieron tres organizaciones en contra de la experimentación animal: PETA’S BeautyWithoutBunnies (1987), LeapingBunny (1990) y ChooseCruelty Free (1993).

Las tres iniciativas, cuyos logotipos simbolizan que la fabricación de un producto fue realizada sin experimentación en animales en todas sus fases, así como el seguimiento de proveedores y terceros que requiere de verificación de la cadena de suministro, fueron un parteaguas en la industria de la belleza. Sin embargo, muchas marcas cosméticas no pueden asumir los costos de las licencias cruelty free y sus empaques no contienen los logotipos certificados. Esto puede llegar a causar confusión y desconfianza entre los consumidores. Ante esto, vale la pena revisar las leyes de los países de fabricación.

¿Qué puede hacer el consumidor?

Ser un consumidor ético y consciente de la importancia de optar por productos cruelty free.

Indudablemente, las compañías cosméticas se han dado cuenta que la lealtad de los consumidores puede depender de sus procesos de experimentación, así que el camino ya está definido: los ciudadanos tienen el poder del cambio en su manos.